La vida de los libros a veces puede ser aburrida, monótona, una lenta acumulación de polvo en la espera de la mano que lo tome.
O no.
También puede ser todo lo contrario.
"En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y Dios vio que estaba bien. El verde de los árboles, la altura de las montañas, el croar de las ranas. Todo era armonía. Y entonces Dios creó el primer mostrador... y una hueste de clientes surgió de las tinieblas. Y Dios calló y el mundo ya nunca fue el mismo".
lunes, 28 de enero de 2008
El Buscador (relanzamiento)
El Buscador tiene ahora página propia.
Se mantiene el mismo sistema: el que puede aportar algún dato a la pregunta lo hace.
Cada una está separada para facilitar la lectura (una pregunta por cada título o autor). En el asunto únicamente está ingresado el título y autor de la obra, el desarrollo de la consulta se ve haciendo clic.
La idea es que todos puedan realizar las preguntas y contestarlas.
Los aspectos técnicos que vayan surgiendo pueden preguntarse a través de comentarios en esta entrada.
Se mantiene el mismo sistema: el que puede aportar algún dato a la pregunta lo hace.
Cada una está separada para facilitar la lectura (una pregunta por cada título o autor). En el asunto únicamente está ingresado el título y autor de la obra, el desarrollo de la consulta se ve haciendo clic.
La idea es que todos puedan realizar las preguntas y contestarlas.
Los aspectos técnicos que vayan surgiendo pueden preguntarse a través de comentarios en esta entrada.
viernes, 18 de enero de 2008
La piel fría
La arena fría de la noche.
Una fogata, la fosforescencia del mar.
Una ronda que escucha atentamente.
Increíbles relatos inventados a la luz del fuego para poner los pelos de punta.
Lástima que el mío era ciento por ciento verídico.
Fue hace mucho, en una librería grande.
Era un día como cualquier otro.
Los clientes curioseaban entre las mesas.
Todo parecía estar en paz.
Hasta que alguien pidió ese libro.
-Disculpá... ¿tenés Breve historia de todas las cosas de Wilber?
A todos se nos heló la sangre.
Durante una fracción de segundo permanecimos quietos.
Al mismo tiempo, sabiendo lo que iba a suceder, nos pusimos a buscarlo.
Por más que lo guardábamos en el mismo lugar, siempre desaparecía.
Nos llevaba unos cuantos minutos encontrarlo, no sin antes revolver media librería y desacomodar varios estantes.
Alguien, por fin, encontró el libro.
Pero ya era tarde.
Una vez más el cliente había desaparecido.
Mirábamos por todos lados, pero no había rastro de él.
Nadie lo había visto salir.
La repetición de este hecho -invariablemente, cada vez que alguien pedía ese libro sucedía lo mismo- nos llevó a elaborar una teoría.
En el sector de autoayuda había un portal.
No podíamos encontrar el libro porque algo lo llevaba al otro lado.
Cuando un cliente nos lo pedía, invocaba a la gente del portal.
El libro aparecía, pero el precio del portal era llevarse al cliente.
Todos creíamos firmemente en esta teoría.
Tratábamos de olvidarnos del asunto.
Hasta que escuchábamos esas palabras.
Y se nos volvía a helar la sangre.
Una fogata, la fosforescencia del mar.
Una ronda que escucha atentamente.
Increíbles relatos inventados a la luz del fuego para poner los pelos de punta.
Lástima que el mío era ciento por ciento verídico.
Fue hace mucho, en una librería grande.
Era un día como cualquier otro.
Los clientes curioseaban entre las mesas.
Todo parecía estar en paz.
Hasta que alguien pidió ese libro.
-Disculpá... ¿tenés Breve historia de todas las cosas de Wilber?
A todos se nos heló la sangre.
Durante una fracción de segundo permanecimos quietos.
Al mismo tiempo, sabiendo lo que iba a suceder, nos pusimos a buscarlo.
Por más que lo guardábamos en el mismo lugar, siempre desaparecía.
Nos llevaba unos cuantos minutos encontrarlo, no sin antes revolver media librería y desacomodar varios estantes.
Alguien, por fin, encontró el libro.
Pero ya era tarde.
Una vez más el cliente había desaparecido.
Mirábamos por todos lados, pero no había rastro de él.
Nadie lo había visto salir.
La repetición de este hecho -invariablemente, cada vez que alguien pedía ese libro sucedía lo mismo- nos llevó a elaborar una teoría.
En el sector de autoayuda había un portal.
No podíamos encontrar el libro porque algo lo llevaba al otro lado.
Cuando un cliente nos lo pedía, invocaba a la gente del portal.
El libro aparecía, pero el precio del portal era llevarse al cliente.
Todos creíamos firmemente en esta teoría.
Tratábamos de olvidarnos del asunto.
Hasta que escuchábamos esas palabras.
Y se nos volvía a helar la sangre.
miércoles, 9 de enero de 2008
El buscador
¿Busca un libro y no se acuerda el título?
¿Quiere saber si se sigue editando?
¿Es usted un cliente y no quiere salir de su casa?
A través de los comentarios pueden dejarse consultas que serán contestadas por todo aquel que sepa la respuesta.
(Si la entrada prospera será mensual).
(Y si con esto logro que menos clientes vengan a preguntar cosas a la librería, mejor todavía).
¿Quiere saber si se sigue editando?
¿Es usted un cliente y no quiere salir de su casa?
A través de los comentarios pueden dejarse consultas que serán contestadas por todo aquel que sepa la respuesta.
(Si la entrada prospera será mensual).
(Y si con esto logro que menos clientes vengan a preguntar cosas a la librería, mejor todavía).
martes, 8 de enero de 2008
Descanso de caminantes
viernes, 4 de enero de 2008
Almas gemelas
Contribuciones
En esta entrada todos aquellos que tengan alguna anécdota pueden ingresarla como comentario. Esta entrada se repetirá todos los meses.
El lector
En esta entrada podrán dejar comentarios sobre libros leídos. Cada uno podrá sacar al crítico literario que lleva dentro.
domingo, 30 de diciembre de 2007
La lotería en Babilonia II
Hasta el momento se han emitido sólo doce billetes.
Puede reclamarse un libro por cada uno.
Pero existe la posibilidad de emitir cien billetes más, que se repartirán también en distintos lugares (terminal de ómnibus incluida).
Esto acrecentará las posibilidades de obtener uno, pero limitará el premio únicamente al primero que lo obtenga.
El Capitán Sir Richard F. Burton se abstiene de tomar esa decisión.
Durante una semana, aquellos que lo deseen, podrán votar la opción que prefieran en la encuesta del costado.
Puede reclamarse un libro por cada uno.
Pero existe la posibilidad de emitir cien billetes más, que se repartirán también en distintos lugares (terminal de ómnibus incluida).
Esto acrecentará las posibilidades de obtener uno, pero limitará el premio únicamente al primero que lo obtenga.
El Capitán Sir Richard F. Burton se abstiene de tomar esa decisión.
Durante una semana, aquellos que lo deseen, podrán votar la opción que prefieran en la encuesta del costado.
jueves, 27 de diciembre de 2007
La lotería en Babilonia
Doce billetes de $10 están marcados.
En el frente, en tinta roja, llevan escritos el nombre Burton y un símbolo.
Recorrerán incesantemente la ciudad.
El Azar, con sus insondables maquinarias, puede depositar uno de esos billetes en tus manos.
Sucederá dentro de cinco años. O la mañana siguiente en que leas esto. O ya ha sucedido y has dejado escapar el billete sin saberlo.
Cada vuelto dado, cada transacción hecha, es un sorteo de la lotería.
Por más improbable que sea, no hay momento en que no puedas ser agraciado por las leyes del caos.
El premio, para aquél que obtenga uno, será un libro.
En el frente, en tinta roja, llevan escritos el nombre Burton y un símbolo.
Recorrerán incesantemente la ciudad.
El Azar, con sus insondables maquinarias, puede depositar uno de esos billetes en tus manos.
Sucederá dentro de cinco años. O la mañana siguiente en que leas esto. O ya ha sucedido y has dejado escapar el billete sin saberlo.
Cada vuelto dado, cada transacción hecha, es un sorteo de la lotería.
Por más improbable que sea, no hay momento en que no puedas ser agraciado por las leyes del caos.
El premio, para aquél que obtenga uno, será un libro.
martes, 25 de diciembre de 2007
Encuestas con una encuesta de encuesta
Aquellos que hayan realizado la encuesta pueden responder, a través de comentarios, si han recibido alguno de esos libros.
jueves, 20 de diciembre de 2007
Modernidad líquida
Fue hace muchos años.
Estaba en el mostrador, cansado de envolver libros para regalo.
Le decía a la cajera que tendría que inventarse el papel líquido.
Así no habría que estar envolviendo tantos paquetes.
Bastaría sumergir el libro unos segundos para que, al sacarlo, emergiera envuelto.
Quedaban por resolver dos cuestiones: que el papel no se pegara al libro, lo cual podría lograrse ionizándolo previamente; y el efecto talón de Aquiles, es decir, que al sostenerlo necesariamente por algún extremo, esa superficie no resultaría envuelta.
Concentrado como estaba en tal delirio, no me percaté de la presencia de una clienta hasta que escuché su voz preguntado si eso existía.
Le expliqué que todavía estaba desarrollándose y que, por ahora, sólo se estaban juntando fondos para la investigación.
Se fue caminando lentamente, maravillada por el avance de la ciencia.
Estaba en el mostrador, cansado de envolver libros para regalo.
Le decía a la cajera que tendría que inventarse el papel líquido.
Así no habría que estar envolviendo tantos paquetes.
Bastaría sumergir el libro unos segundos para que, al sacarlo, emergiera envuelto.
Quedaban por resolver dos cuestiones: que el papel no se pegara al libro, lo cual podría lograrse ionizándolo previamente; y el efecto talón de Aquiles, es decir, que al sostenerlo necesariamente por algún extremo, esa superficie no resultaría envuelta.
Concentrado como estaba en tal delirio, no me percaté de la presencia de una clienta hasta que escuché su voz preguntado si eso existía.
Le expliqué que todavía estaba desarrollándose y que, por ahora, sólo se estaban juntando fondos para la investigación.
Se fue caminando lentamente, maravillada por el avance de la ciencia.
lunes, 17 de diciembre de 2007
miércoles, 12 de diciembre de 2007
La construcción del personaje
Hay momentos en que el cansancio nos vence.
En que nuestro personaje de vendedor abandona el escenario.
Son solo unos segundos. Pero suficientes para que se deslicen ciertos comentarios que preferiríamos callar.
-Ah... y busco Niños Índigos.
-¿Cuál?
-Eh... Niños Índigos.
-Si pero hay muchos. Venga. Acá en este estante tiene varios.
-¿Hay alguno que sea serio?
-No, son todos de ese tema.
Clavo el freno, pongo reversa. Pienso lo que acabo de decir. El cliente no se dio cuenta. Lo miro, está compenetrado mirando los libros. Camino lentamente hacia atrás, mientras el telón se cierra... hasta el próximo acto.
En que nuestro personaje de vendedor abandona el escenario.
Son solo unos segundos. Pero suficientes para que se deslicen ciertos comentarios que preferiríamos callar.
-Ah... y busco Niños Índigos.
-¿Cuál?
-Eh... Niños Índigos.
-Si pero hay muchos. Venga. Acá en este estante tiene varios.
-¿Hay alguno que sea serio?
-No, son todos de ese tema.
Clavo el freno, pongo reversa. Pienso lo que acabo de decir. El cliente no se dio cuenta. Lo miro, está compenetrado mirando los libros. Camino lentamente hacia atrás, mientras el telón se cierra... hasta el próximo acto.
lunes, 10 de diciembre de 2007
La melancólica muerte de Chico Ostra
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